Su rostro huele a recuerdos de inocencia, curiosidad y
travesura en una sola mezcla extraña de hambre y de belleza.
Una hilera de dientes que se estiran y enanchan aún más esa
sonrisa .
Y esos ojos grandes … rasgados por el sol en su piel morena,
fresca , siempre llena de barro, siempre fresca.
Su rostro…
Su esperanza…
Su infancia junto al río, el sol, las algarrobas y una honda.
¡cuántos pájaros heridos han recogido sus manos!
Elevándose , creciendo, con todo el orgullo de la etnia.
Sorprenden sus ansias bajo este sol ardiente .
Corre y caza lagartijas.
Corre y llega despacito a mirarlo todo,
a descubrir algún blanco para acertar con su honda,
y satisfecho, certero, recoge proyectiles
y huye, en una sola risa ,
de niños, perros ,gentes,
maestros, padre, madre , abuelo.
Nada interrumpe su
carrera , la vida bulle en él
y él crece.
Juega y lucha por
vivir, porque sí no más
Con una honda y una sonrisa amplia y generosa
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