viernes, 2 de enero de 2015

La Sombra Negra del Río



Diáfano en mi se asoma el río.
Tenue fluye manso y cargado de vida,
seguro se desliza
humedeciendo
la costa de su alma desnuda,
desolada.
En anhelos de perfumado monte
salpica, buscando el reencuentro.

Perdida en la orilla, arrinconada
detrás de la tosca arcilla ,te ocultas.
Abrazas tu cuerpo
ansiando el roce tibio
del agua rojiza.
Confundida en el follaje
nadie advierte el destello de tus ojos.
Se escapan los trinos
de unos pájaros furtivos
que conmovidos
se acercan a tocarte.

El sol ha despertado
disipando el temblor
y crepita en tu vientre adolorido.

Un muchacho se aproxima.
Se detiene a tu lado.
No te ha visto.
En un andar acostumbrado
despliega la trágica rutina
y se abstrae en el silencio
observando la corriente bermeja
con la calma del que no urge , confuso

En pétrea sangre te ha condenado
el hechizo.
El tiempo detenido
se enrosca en el destierro.
Penitentes los árboles
custodian (desde lo alto de la barranca)
El monte se transforma con la noche
Y en hilos de plata
te esfumas
siguiendo la chalana
de aquél pescador distraído.
Te enroscas en sus manos
Te trepas a su piel
en gotas de rocío.
Al ritmo de su corazón
gozas, lo besas
Rogando no amarle
Endulzas su boca
Con la miel de tu aura
Mas cuando llega, ancla su canoa.
Te atrapan los brazos de río

Comenta el pescador que la sombra del río
lo rondó y no sabe, pero siente
un estremecimiento dulce cándido

que lo llama.

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